IAS-CSIC, IFAPA y UCO cuantifican la biomasa y la acumulación de carbono en olivos arbosana y picual

 


- Una comprensión integral de la acumulación y asignación de biomasa aérea y subterránea en cultivos leñosos es esencial para modelar su crecimiento, diseñar plantaciones más eficientes y seleccionar los genotipos más adecuados para condiciones ambientales cambiantes.


Córdoba, 26 de marzo de 2025


Un trabajo liderado por investigadores del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC) de Córdoba en colaboración con el IFAPA Camino de Purchil y la Universidad de Córdoba, ha identificado diferencias en la acumulación de biomasa (todo residuo de carácter orgánico generado en cualquier actividad agraria) y el almacenamiento de carbono entre dos cultivares de olivo, arbosana y picual, ampliamente utilizados en la cuenca mediterránea.


“La cuantificación precisa de la biomasa y de la acumulación de carbono en el olivo es fundamental para optimizar el manejo agronómico y evaluar su papel en la mitigación del cambio climático”, explica la investigadora principal del estudio, Milagros Torrús Castillo, quien remarca que “una comprensión integral de la acumulación y asignación de biomasa aérea y subterránea en cultivos leñosos es esencial para modelar su crecimiento, diseñar plantaciones más eficientes y seleccionar los genotipos más adecuados para condiciones ambientales cambiantes”.


En el caso del olivo, esta relevancia se ve amplificada por su amplia distribución mundial, con aproximadamente 11,3 millones de hectáreas de olivares. Aunque se concentran principalmente en la cuenca mediterránea, el cultivo del olivo se extiende por 60 países en cinco continentes, lo que representa casi el 15 % de la superficie mundial total dedicada a cultivos permanentes (FAO  2025 ). Se espera que el cambio climático, impulsado por el aumento de la concentración atmosférica de CO₂  ,  impacte negativamente la producción agrícola a través del aumento de las temperaturas, cambios en los patrones de lluvia y una mayor frecuencia de algunos eventos extremos (IPCC  2019 ), afectando ya la seguridad alimentaria. En este contexto, “los esfuerzos de investigación centrados en la sostenibilidad del cultivo del olivo y su adaptación al cambio climático deberían incluir, entre otras líneas de investigación, la identificación de cultivares de olivo mejor adaptados a la sequía y al aumento de las temperaturas, y la cuantificación fiable de la acumulación de biomasa y el almacenamiento de carbono orgánico en olivos de diversos cultivares. Esto podría contribuir a mejorar la productividad y la resiliencia de los sistemas de cultivo del olivo y a evaluar su potencial como sumideros de carbono”, remarca Torrús.


En este contexto, el estudio realizado por investigadores del IAS-CSIC, que ha sido publicado en Springer Nature, desarrolló metodologías destructivas y no destructivas para cuantificar la biomasa aérea y subterránea, así como el contenido de carbono, en árboles de 7,5 años de dos cultivares comunes de olivo (arbosana y picual) bajo condiciones mediterráneas. El enfoque incluyó la extracción de tres árboles completos por cultivar y la evaluación combinada de la biomasa aérea y subterránea, algo que rara vez está disponible para el olivo.


El resultado fue que la variedad picual tendió a acumular más biomasa (36,5 kg árbol⁻¹, en promedio) que arbosana (27,5 kg árbol⁻¹), debido a una mayor inversión en tronco y ramas no primarias, mientras que arbosana destinó una mayor proporción de biomasa a las hojas. En ambos cultivares, alrededor del 60% de la biomasa radicular se localizó en los primeros 25 cm del suelo y más del 55% se concentró en el cepellón (masa compacta de raíces).


Por lo que respecta al secuestro de carbono, la concentración media ponderada de carbono fue del 47% en la biomasa aérea y del 42% en las raíces. A escala de plantación, el suelo constituyó el principal reservorio de carbono orgánico, con alrededor de 76 t C ha⁻¹, frente a 13–16 t C ha⁻¹ en la biomasa de los árboles. La acumulación anual de carbono en la biomasa del olivo osciló entre 1,68 t C ha⁻¹ año⁻¹ (arbosana) y 2,16 t C ha⁻¹ año⁻¹ (picual), dentro del rango de tasas de fijación de carbono observadas en agroecosistemas mediterráneos.


“El muestreo destructivo permitió captar mejor las diferencias entre cultivares en la asignación de biomasa y la acumulación de carbono, mientras que el método no destructivo resultó adecuado para su aplicación a gran escala. Estos resultados respaldan la integración de la asignación de biomasa y la permanencia del carbono en la selección de cultivares y en las prácticas de manejo, con el fin de mejorar el secuestro de carbono y la sostenibilidad de los sistemas de olivar”, hace hincapié la investigadora del IAS-CSIC.


En cualquier caso, “estos resultados resaltan el doble papel de los olivares en el sostenimiento de la producción agrícola y la mitigación del cambio climático. Futuras investigaciones deberían explorar cómo integrar las características específicas de cada variedad en estrategias de manejo dirigidas para mejorar el secuestro de carbono en diversos sistemas de plantación”, apunta Milagros Torrús Castillo.




Para más información:


Torrús-Castillo, M., Guzmán, G., Cárceles, B. et al. Cuantificación de la biomasa aérea y subterránea y el carbono orgánico asociado en dos cultivares de olivo ( Arbosana y Picual ) cultivados a alta densidad. Trees 40 , 51 (2026). https://doi.org/10.1007/s00468-026-02760-z




Fuente: CSIC

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